En un proceso de coaching, la ligereza se hace presente en los momentos en los que la persona se da cuenta de lo que ya está haciendo para generar el cambio que se había planteado al inicio del proceso. Muchas veces, esto aparece en el discurso, empieza a reconocerse válida, capaz, fuerte y a dejar de lado los “yo no puedo”, “no soy capaz” y especialmente los demoledores “no valgo para…”

Dejar de lado los “no puedo” para hacer, lo que sea que te has censurado hasta el momento, de la mejor manera en que sabes hacerlo (poner un límite, pedir un acenso, dejar a tu pareja, despedirte de tu actual trabajo, despedir a una persona que trabaja en tu equipo, negociar un aumento, expresar una necesidad personal sin sentirte culpable ni débil,….) es el primer paso para empezar a vivir tu viada para ti misma, para ti mismo.

Cuando estudiaba inglés, una profesora me trasmitió la idea de que “I can’t” significa que no es posible, literalmente. Me gusta la idea de pensar que, aunque me cueste ser tajante, puedo hacerlo. Aunque me cueste ser dulce, pudo serlo. Aunque me cueste hablar de mis dificultades o mis problemas, puedo hacerlo.

Empezar a abandonar las ideas del “no puedo” y pensar que lo harás de la mejor manera que sabes y que puedes, es un primer paso para el cambio.

En el trabajo, nos repetimos continuamente muchos “no puedo”, cuando existe una cultura del machaque por ejemplo, no podemos quejarnos, pedir que no se nos hable de tal o cual manera, no podemos decir me siento mal cuando me/nos hablas así, etc. Cuando nos piden un esfuerzo porque son tiempos difíciles, no podemos decir que también son momentos difíciles para mi familia, que es importante cuidarme y poder descansar, que esos temas se te hacen muy cuesta arriba y prefieres seguir con lo que sabes hacer muy bien… Hay tantos momentos en los que nos relatamos que no podemos generar esos cambios que nos darían paz y salud psicológica, se repiten en tantas personas, en tantos trabajos, en tantas situaciones que me parece importante hoy hacerte una invitación.

Suelta algún “no puedo” de los tuyos. Piensa cómo sería dejar de decírtelo y simplemente hacerlo lo mejor que puedas o que sepas…incluso si sientes que no haces nada, empieza soltando el dogma del bloqueo a ver qué ocurre, a ver qué surge. Incluso si se trata de una sutil sensación de ligereza en tu mente o en tu respiración, merecería la pena ¿no crees?

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