12 May 2020

Una frágil línea

Como psicóloga, me preocupan las consecuencias que tendrán este continuo estado de alerta, que nos mantiene a la población mundial en continuo pensamiento defensivo y catastrofista. Me preocupa que la incertidumbre continua afecte al sueño, la confianza, la serenidad y la visión de las personas. Me desalienta que los mensajes que seguimos escuchando alimentan a nuestros miedos primarios, colocando la responsabilidad del éxito y del fracaso en la ciudadanía y por lo tanto siguen fortaleciendo los mecanismos de respuesta con autoexigencia, perfeccionismo y desaliento.

No tomamos en serio lo esencial de la persona: su psique, lo que la hace ser quién es, pensar, sentir y actuar cómo lo hace. Lo urgente (la salud del cuerpo) oculta lo importante (la salud psicológica, emocional y social) en las personas, en las sociedades y en nuestro futuro.

Por una y por varias “extrañas” razones, vivimos en una cultura en la que ha estado mal visto acudir a un profesional de la psicología para intentar reducir el sufrimiento o el malestar. Ya hemos usado este símil aquí pero voy a permitirme ser un poco reiterativa. Una persona con un dolor en una muela no se dedica a decir, todo pasará, no lo pienses que ya mejorará. Y si lo hiciese, en el momento en el que aparece un “flemón” o inflamación en el interior de la boca, toma una decisión. Imagina que tienes un dolor martilleante en la muela, el carrillo inflamado, no puedes comer ni apenas beber y sigues sosteniendo el dolor bajo la premisa del “ya se pasará, ya se arreglara, mejor no pensar en ello”.

Llévalo a tus noches de mal dormir. A tus enfados, a tus tristezas, a tus miedos, a tus ansiedades, a tus frustraciones continuas que no encuentran vías de alivio o al menos a unas vías maduras y saludables.

Quien tenía tendencia a la tristeza antes del Covid-19 ahora tiene depresión. Quien tenía ocasionales problemas de ansiedad, está viviendo en pánico. Quien tenía alguna que otra obsesión, se siente atrapada/o en un ritual destructivo. Las relaciones, el trabajo, el cuidado y el autocuidado están siendo impactadas por lo silencioso.

Silenciamos nuestras necesidades y deseos de apoyo, de cambio, de que todo pase, de volver a la realidad conocida, de abrazos, de rutinas, de movimiento, de salir de casa, de orden, de previsibilidad….vivimos sumidos y sumidas en un estado continuado de alta incertidumbre y ofuscamiento… No sabemos cómo sobrellevarlo de esta manera tan continuada y menos encontramos los espacios de desahogo.

Encuentro, día tras día, tanto sufrimiento, tanto dolor, tanta duda y sensación de falta de conexión que no podía dejar de escribir sobre esto. La salud psicoafectiva de la sociedad en la que vivo, me importa. Me importa y siento que afecta y lo seguirá haciendo a todo lo que venga después.

Aunque en este aspecto estoy en un sentir algo más pesimista de lo habitual te propongo algo. Vamos a cuidarnos. Vamos a hablar, a levantar piedras para encontrar altavoces y ser escuchadas y escuchados. Utiliza todos los recursos a tu alcance para escuchar y para expresar. No lo hagas en las redes, vamos a dedicar esta semana a hacerlo de viva voz, en conversaciones, en grabaciones, en denuncias, en lo que necesites. Saca tu voz, deja que se exprese, pide, escucha, sostén, expresa…. Somos primates que necesitan de sus conexiones en el tacto, en la mirada, en el sentir “al otro, a la otra” y cuando eso no lo tenemos, podemos buscarlo desde la mirada constructiva. Vamos a trascender los mensajes dogmáticos del miedo, los mensajes alienantes de la desconfianza y del recelo.

Somos mucho más que cualquier telediario, que cualquier mensaje en las redes sociales. Te invito esta semana a demostrarlo. No seamos piedritas rodando cuesta abajo, porque no lo somos, somos personas, somos primates, somos seres sintientes y seres sociales… ¡Vamos a serlo de verdad!

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