Vivimos momentos en los que la palabra cuidar se repite con frecuencia. Cuídate, a modo de despedida; prácticas o consejos o rutinas para el autocuidado; cuidarse, cuidar de, cuidarme… en cada mente, en cada persona estas palabras activan diferentes ideas y comportamientos.

Cuidarse como sinónimo de mimarse, puede invitarnos a darnos todos los caprichos que nos apetezcan. Cuidarse a modo de protegerse, quizás nos mantenga observantes y en una actitud desconfiada. Cuidar como asistir es probable que nos mantenga pendientes de las necesidades ajenas.

En estos momentos en los que nuestras miradas no pueden viajar al horizonte, nuestros cuerpos no pueden hacer largas caminatas, no podemos escuchar los sonidos del exterior por largos momentos, ni mirar la vida que ocurre espontánea en una ciudad o en la naturaleza, siento que cuidarnos pasar por ver, sin filtros, mis ojos rojos que escuecen de tanta pantalla y tanta falta de perder la mirada en la lejanía. También es sentir mi espalda adolorida y contraída de paseos cortos, ejercicios sin desplazamiento, de las horas de estar sentada frente a una pantalla. Es notar lo que extraño un abrazo, un beso, una caricia y una simple mirada de y a los ojos a la persona con la que hablo…

Escucho a muchas personas que no están durmiendo bien. Personas cuyas rutinas cambian y sienten que les supone un esfuerzo descomunal intentar volver a dónde creen que quieren estar. Personas que comen más o menos, que fuman más o menos, que beben más o menos…personas que están haciendo lo que pueden, probablemente lo mejor que pueden y saben para llevar esta extraña y insólita situación.

¿Y si cuidarnos pasa por expresar el malestar, las dudas, la montaña rusa emocional, las carencias, las añoranzas y los deseos? ¿Y si cuidarme pasa por mirar mi insomnio a la cara y dejar de pelearme con él? Como dice una frase de un libro sobre hábitos saludables del sueño “es tarde y todavía no tengo sueño. Puedo aceptar esta sensación aunque no me guste” (Sarah Jane Arnold). Y no, no se trata de conformarme con mi mal dormir, se trata de dejar de pelearme con esta realidad que me molesta, me incomoda o me enfada, para empezar a entenderla.

Barruntar interminables y mentales peleas con mi insomnio no me va a hacer dormir mejor. Enfadarme conmigo por la mañana por sentir cansancio y no poder levantarme a la hora prevista tampoco me va a aliviar el insomnio. Quizás darme cuenta que soy humana, que mi vida no es perfecta, que estoy viviendo una situación de lo más rara y molesta, que me faltan muchas cosas, que mi día a día ha cambiado drásticamente en poco tiempo, quizás todo esto me permita ser más amable conmigo y con mi insomnio. Quizás pueda aceptar que me gustan las noches en las que duermo de continuo o en las que duermo 7 u 8 horas (o las que siento que necesito) y que algunos períodos, a veces largos, no hay noches así en mi vida.

Aceptar esto desde la amabilidad puede acercarme más fácilmente a una solución. Quizás alguna que se me ocurra a mi o quizás se me ocurra pedir ayuda profesional, en todo caso, cuidarme también pasa por ver mis malas hierbas como parte del paisaje, ver esos aspectos molestos y saber que también con ellas, hago lo que puedo para vivir cada día en esta anómala situación que estamos viviendo en todo el mundo.

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