01 Apr 2020

Lo que me conecta

Hace tres semanas que se cerraron las escuelas. Dos semanas y media que se decretó el estado de alarma. Poco a poco, las personas hemos ido dejando unas rutinas, unos paisajes, unas maneras de relacionarnos y de trabajar, para incorporar otras.

Los paisajes se ven reducidos a unas habitaciones que, aparentemente conocemos muy bien. Ahora nuestro universo trascurre en el lugar en el que solemos vivir, ese sitio que damos por conocido, con un orden conocido. La mayoría que continuamos trabajando, lo hacemos desde estos paisajes, muy pocas son las personas que acuden a sus puestos de trabajo fuera de la vivienda. Otras, han tenido que enfrentarse a un despido, temporal o no, que abre una serie de preguntas y de incertidumbres añadidas.

Hemos cambiado las rutinas del correr por los andenes y los atascos como mucho a las de hacer cola para usar el baño, repartir las estancias para que cada cual tenga su espacio para trabajar, estudiar o estar consigo mismo, consigo misma. Hemos creado hábitos y horarios para mantener el cuerpo y la mente activos, enfocados…o quizás no tanto. Quizás hemos cambiado el hábito de no hacer mucho por hacerlo con una pantalla delante, encendida permanentemente.

Nos relacionábamos con nuestros vecinos y vecinas con un “hola, buenos días o buenas tardes”, o un genérico “hola qué tal” quizás sonriendo o no, quizás mirando a los ojos o no…¿dónde estarán ahora esas sonrisas y esas miradas conscientes que nos gustaría regalar a la vecina, al frutero, a quien te da la vez en la carnicería? Veíamos a nuestras compañeras y compañeros en el trabajo con más o menos ganas de charlar, de escuchar, de intercambiar una conversación personal, otra profesional…¿nos tomamos un café? Si, ahora también te preguntas ¿dónde están todos esos cafés que no nos hemos tomado?

Afortunadamente, tenemos tecnologías que nos pueden conectar con algunas de esas personas. Quizás no con la vecina o con el frutero, pero si con el equipo de trabajo, con la familia, con las amigas, con los amigos, con la clase de tal o de cual que ahora se da on-line… Nos podemos conectar tecnológicamente si, y me pregunto ¿nos estamos conectando con el corazón? Esto no depende de tecnología sino de la escucha. Escuchar primero qué siento, qué me angustia, qué me alegra o qué me preocupa y permitirme contarlo, expresarlo. Permitirme también escuchar la angustia, la alegría y la preocupación de la persona que me habla sin pretender ser yo quien haga nada para cambiar su emoción. Escuchar para escuchar, para indicarle: te veo, te oigo, te siento y te valido, valido tu experiencia y tu sentir porque son tuyos.

Si, lo que nos conecta no está en la tecnología está en el corazón, por decirlo coloquialmente, está en nuestra manera de conectarnos con el mundo emocional propio y el ajeno. Está en nuestro cerebro que nos permite escuchar, ver y acompañar a esas personas que me importan y que me hacen sentir conectada a la vida, a mi misma, a la humanidad.

Lo que nos conecta y nos hace seguir sintiéndonos parte de esta humanidad está en nuestro interior, en nuestra voluntad, en nuestra elección de dónde ponemos la mirada, la escucha y el corazón. Si, esta comunicación desde la conexión, ahora más que nunca, tiene cabida en nuestras relaciones personales y profesionales.

Te invito a que hoy pongas un poquito de tu corazón en tus mensajes de whatsapp, en tus llamadas, en tus correos o en tus vídeo-reuniones. Permítete sentir esta conexión humana con el corazón.

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