02 Mar 2020

Construyendo

Domingo por la noche, hora de cenar en un local conocido de una ciudad desconocida. La mesa de enfrente con un grupo grande, es muy ruidosa. Flanqueada por el resto de costados y a lo largo de toda la terraza, parejas, grupos de amigos, de amigas, parejas…y una mesa con una mujer cenando sola. Tendrá unos 10 o 15 años más que yo…lee cuando no come. Me siento acompañada.

Curiosa conclusión llega a mi mente en estos momentos. La construcción de género es tan sólida y difícil de cambiar porque se inicia en el mismo momento en el que se inicia la construcción de la persona. Así fluye cada una, cada uno, siguiendo el camino que le es asignado, como mujer o como hombre.

Piensa por un momento ¿hay algo que te cueste enormemente hacer? ¿ves a otras mujeres/ hombres experimentando la misma dificultad? ¿crees que es casualidad?

En el ámbito profesional por ejemplo, a muchos hombres les cuesta hablar con naturalidad de sus emociones, de cómo ha empezado el lunes con desgana porque el fin de semana tuvo una discusión con su pareja/un familiar/amigo/amiga y le dejó triste, de bajón y durmió mal…quizás debería llamar y expresar …. ¿te pasa a ti también? ¿te cuesta expresar a un compañero o compañera de trabajo vivencias similares? Es algo natural, desde pequeño te han dicho que eres un ser productivo; que para producir hace falta ser inteligente (racional) y que las emociones, son una mera distracción. Te lo han dicho a ti y a casi todos los hombres que conoces.

También es frecuente encontrarnos con compañeras a las que les cuesta expresar su enfado de manera natural y dirigida a quién las menosprecia o ningunea: “deja que tú no te enteras”, “vaya carácter, estarás con la regla”, “a las chicas se os da mal ….” y seguramente o pegas voces o lanzas miradas asesinas sin decir nada. Lo que cuesta expresar lo fuera de lugar de este comentario, lo basado en prejuicios y dañino que resulta, lo poco que aporta, lo poco profesional que es, etc. También has visto que le sucede a más de una compañera que también escuchó eso de “se buena, no te enfades que te ves fea” cuando era pequeña.

Nos construimos como personas con los ejemplos, con mandatos, con relatos, con amor. Las personas que nos aman nos inculcan sus sesgos (de género y de otras tantas cuestiones) y así crecemos y así nos relacionamos en todos los ámbitos, en el profesional también.

Escribo todo esto recién llegada de un viaje de fin de semana por el sur de España. Un viaje de 4 días que hice sola. Saliendo a cenar yo sola, cada una de las noches. Saliendo a pasear yo sola cada uno de los momentos. Tomando cada una de las decisiones de hacia dónde ir o qué hacer yo sola. Afortunadamente cada vez es más frecuente encontrar mujeres que viajan solas, especialmente las que tienen unos 20 años menos que yo. Por eso, anoche, cuando sentí la complicidad de una mujer algo mayor, me emocioné.

Si, los mandatos de género a veces nos hacen preferir no viajar a hacerlo solas. Nos hacen buscar compañías que, más que deseadas, son males menores. Nos hacen dejar de hacer cosas porque “no corresponde”. Y me atrevo a hablar de género porque aunque haya muchos hombres a quienes tampoco les guste viajar solos, encuentro infinitamente más hombres cenando solos, viajando solos y tomando una copa solos que mujeres.

Esta reflexión quiere invitarte, simplemente, a mirarte con curiosidad, sin juicios y con libertad ¿quién eres? ¿quién quieres ser? Porque las personas podemos construirnos más allá de cualquier sesgo, más allá de cualquier mandato.

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