Parece lógico pensar que es importante esclarecer quién y qué soy en este momento de mi vida, para ver con mayor claridad y encajar mis deseos, anhelos, necesidades en mi priorización diaria y vital.

Este ejercicio de mirarme y “definirme” puede tener más o menos que ver con el autoconcepto, cumulo de rasgos, habilidades, componentes sociales, imagen y opiniones de las personas referentes en mi vida que pretenden definir quién soy y que contiene tanto información positiva (lo que hago, la manera en la que lo hago, mis tendencias …), negativa (lo que no hago, lo que “me falta”, lo que debería hacer, decir, ser…), inflada (las enormes consecuencias en el entorno desencadenadas de mi ser, hacer, imagen…) o reducidas (lo pequeño, nimio, exiguo, insuficiente….de mis actos y pensamientos).

En general ¿te defines en términos positivos? Es decir, expresas lo que haces, cómo lo haces, en acciones y términos consumados o por el contrario te defines en términos de lo que no contienes. Un ejemplo, no es lo mismo decirme que soy taciturna por las mañanas y que necesito un tiempo para activarme que decir que me cuesta arrancar por las mañanas.

En el primer caso, asumo que uno de los rasgos de mi personalidad está presente por las mañanas y mi rutina me conecta con el puntito de activación que necesito o deseo tener en ese momento del día. En el segundo ejemplo estoy dando por hecho que tengo una dificultad, que hay algo que no funciona como debería o como sería deseable…ese rasgo de mi personalidad se convierte en un lastre con el cual probablemente me pelearé en más de una ocasión.

El hecho de definirme en términos negativos tiene un peligro que, en cada intervención grupal o individual genera reflexiones similares. Si me veo como un cúmulo de “carencias” o fallos, va a resultar muy difícil llevarme bien conmigo misma. Si no me llevo bien conmigo, es posible que me resulte muy doloroso verme, saber quién soy aquí y ahora. Y si no sé quién soy ¿cómo sé que lo que quiero o necesito es realmente lo que yo quiero y necesito? ¿podría estar queriendo algo que otras personas quieren para sí como si fuese importante para mí? ¿podría estar dejándome llevar por los deseos o necesidades ajenos sin permitirme conocer los míos propios?

Te invito a tomarte unos minutos al día para hacerte una pregunta y después intentar responderla en términos positivos, es decir, fijándote en lo que tienes, no en lo que “te falta” o en lo que otras personas a lo largo de tu vida te han dicho que te falta. La pregunta es: ¿quién soy?

Después vendrán ¿qué quiero? ¿qué necesito? pero antes, mírate con amabilidad, con tu mirada actual y respóndete a la pregunta ¿quién soy? Me parece un ejercicio lleno de salud y de verdad que podría enseñarse en las escuelas para que cada persona habite la autonomía en definirse, en saber quién es, en términos positivos.

Share
This