Se habla mucho del desarrollo de nuestra inteligencia emocional en el ámbito profesional y de cómo nuestra gestión de las emociones puede ayudarnos a ser…adivina!!..a ser más eficiente, mejor negociando, resolviendo conflictos, a mejorar nuestras habilidades para comunicar, las relaciones con otras personas del equipo, bla, bla, bla.

Y siendo todo eso muy cierto, echo de menos que se añada la perspectiva de la importancia de ser más auténtico o auténtica emocionalmente en el trabajo. Poder mostrarnos tal cual nos sintamos, sin tener que ofrecer una cara o una imagen profesional. Porque….qué es una imagen o comportamiento profesional? Ser como un robot, alguien que no se hunde, no se aflije, no se cansa, no se equivoca?? Alguien que no siente ni padece?

¿Qué pasaría en tu trabajo si llegaras a una reunión y expresaras “ayer me equivoqué y eso me ha despertado cierta inseguridad (y es posible que en los próximos días os consulte algunas cuestiones)” o “es posible que me notéis algo perdida porque estoy en un proceso personal complejo y no estoy al 100%” o que contáramos “Cuando el turno acabe y sea todavía de noche, os pido que alguien me acompañe hasta el metro o hasta el coche porque tengo miedo”. ¿Qué pasaría?

Imagino que algunas personas cuando lean esto pensarán….”yo con fulanita o menganito, que tengo confianza, que es mi amigo/a, si podría contarle estas cosas”- Otras personas pensarán “ni de coña voy a mostrarme así de vulnerable en el trabajo, para qué? Para que lo utilicen en mi contra?”. Y habrá otras personas que consideren que “en el trabajo mejor no conectar y expresar tus emociones para así poder ser más profesional y eficiente”

Porque lo importante en el trabajo es ser profesional (entiéndase el sarcasmo)!! Pues no lo comparto si ser profesional significa vivir dividida, ponerme una careta con la mejor de mis versiones y no permitirme ser todo lo que soy.

Porque soy profesional pero también soy una mujer que tiene dolores menstruales. Soy profesional pero también estoy muy tocada cuando mi relación de pareja se resquebraja. Soy profesional pero también estoy nerviosa cuando voy a facilitar un taller y no tuve tiempo suficiente de preparármelo. Soy profesional pero también estoy revuelta porque tuve un conflicto familiar que me dejó muy triste.

Soy profesional y soy persona. Y si fuera un puzzle no podría pretender completarlo sustituyendo las piezas que menos me gustan por otras. No funciona así. Para completar el puzzle tengo que colocar las piezas, las que son, y no otras y todas juntas conforman la imagen real y completa. Pues de la misma manera, mi profesionalidad y buen hacer también se sustenta en todo aquello que me hace vulnerable, en todo aquello que aparentemente me censuro y no permito salir.

Creo que en la medida que vayamos, poco a poco, soltando rigideces y formas protocolarias de estar y ser en el trabajo, vamos a crecer mucho, como personas y como organizaciones. Vamos a descubrir personas a nuestro alrededor complejas y bellas, al tiempo que permitimos al resto, que vean más allá de nuestra máscara.

Empecemos por una misma, por uno mismo y empecemos cuanto antes.

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