22 Jan 2020

Mirar el alma

Este espacio lo solemos dedicar a reflexiones y miradas en positivo de los aprendizajes que mi socia Raquel y yo, experimentamos en nuestro proceso personal y profesional, como ejercicio de generosidad y humildad. Somos igual de humanas e imperfectas que tú, que todas las personas y desde ese lugar también nos sabemos únicas y válidas. El ejemplo, es uno de los máximos maestros en nuestras vidas y en la tuya.

Hoy, sin embargo quizás no siga la línea argumental de este blog. Hoy quizás voy a cuestionar sin argumentos positivos. No lo sé, voy a permitirme fluir a través de mis dedos acariciando y aporreando el teclado de mi portátil y de mis ideas revolviéndose en mi cabeza, igual que el viento revuelve en estos días todo lo que pilla…

Y es que siento que hemos olvidado mirar las almas de las personas que andan al lado nuestro. Hemos olvidado que nuestras palabras y acciones no son vanas. Hemos olvidado que lo que vivimos no es una escena en una pantalla que se olvidará, quizás no, quizás incluso dirige a una persona hacia un camino oscuro y doloroso del cual no sabe salir por si misma.

Para mi, mirar el alma es parte de mi trabajo y a veces, en mi trabajo, uso cortinas que filtren el alma de quien tengo delante para tolerar el dolor, para gestionar mi responsabilidad, para usar las mejores de mis herramientas para apoyar o ayudar. Ayer sin embargo no pude poner ninguna cortina y sentí tú historia en cada célula de mi ser. Ayer fui plenamente consciente de que cada vez que no asumo mis responsabilidad por hacer lo debido, cumplir mi compromiso, cuidar a quien tengo responsabilidad de cuidar, algo puede suceder. Y no es una cuestión de culpas devotas que se sufren y se cargan en una mochila que no sirve para casi nada, se trata de la responsabilidad de delinear los bordes de un camino, pueden estrecharse o ensancharse para esa persona que se dirige irremediablemente a un cuarto oscuro o no… y no soy únicamente yo con mis comportamientos, somos una suma de acciones, de seres, de miradas, de almas.

Ayer entendí que dar palabras amables o consejos profesionales desde nuestros ombligos pueden resultar devastador. Entendí que, a veces, abrazar es la mejor de las opciones. Entendí que un cuerpo necesita ser cuidado desde la desnudez de los conceptos y etiquetas de la mente.

Cuantas historias de personas vulnerables que se encuentran en el camino con personas incapaces de mirar más allá de sus propios ombligos y malinterpretan su vulnerabilidad como una ventaja para seguir ensimismadas en sus razones y sinrazones he escuchado. Y por alguna razón, la tuya, ayer me tocó el alma y se me ha quedado agarrada al corazón.

Decido usar este espacio para decirte ¡lo siento! No por mis acciones sino por lo inhumano de las personas que has encontrado en tu camino hasta el lugar en el que estás sumergida ahora. Creo en el equilibrio como una metáfora de la conservación de la vida. Una metáfora del equilibrio entre las personas ombligocentradas y quienes intentamos cada día mirar hacia fuera, mirar lo que ocurre en otras almas, mirar el alma de quienes se cruzan en nuestro camino y enamorarnos de ellas.

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