Para muchas personas, el pasado viernes empezaron las vacaciones. Empezaron las maletas, los viajes, guardar las agendas y portátiles en los cajones, etc. Las vacaciones de la rutina, de la tarea…aunque a veces las rutinas anuales se sustituyen por las vacacionales.

La rutina de los “¿qué le regalo?”, “otra vez las cenas, comidas, meriendas y atiborrarse”, “agenda apretada de entretenimientos familiares”, “como me gustaría desaparecer del mundo hasta el día 26”, etc…. ¿Tienes tú alguna frase que describa tu sentimiento anual en estas fechas?

Hace algunos años que dejé de pelearme con lo que deberían ser las cosas, especialmente en este mes, en estos días y en estas tradiciones. Intento escucharme y ver qué necesito, equilibrar las demandas sociales y familiares, con tiempos para la reflexión y el cuidado, todo muy zen, ecuánime y sensato. Si, me suelo considerar una persona sensata y seria. Soy seria hasta en mi sentido del humor, chistes sesudos de una psicóloga leída y estudiada, como debe ser…¡A ver si a estas alturas me voy a decepcionar a mi misma!

Y con todo este pastel personal, me doy de regalo estas navidades salirme a pasear al mundo frívolo y superficial, al mundo de la diversión y el “qué mas da” de las aplicaciones para conocer gente, de los viajes con personas desconocidas, del incomodarme (amablemente) saliendo de mis zonas de confort más profundas y arraigadas.

Ayer contaba a unas amigas (excelentes y maravillosas amigas) que me había dado cuenta de lo que suponía para mi la característica de la “gravedad”. Ser y tomarme las cosas con la importancia y la seriedad “necesaria”, se ha convertido en un rol de persona seria y preocupada a la que se le olvida divertirse y hacer el chorra. Estudiar, leer, opinar, debatir, hacer deporte, socializar,….si, todo eso está muy bien, pero algo falta. Me falta exponerme y vivirme en lo desconocido, en lo no controlable, en la vida.

Los miedos, justificados, de tantos siglos de cuentos de lobos y caperucitas, pueden jugar en nuestra contra. Creer fervientemente en los peligros de lo desconocido, en los peligros de no encajar y de “cagarla” mostrando tu vulnerabilidad, nos sumerge en una vida a medias. Si, disfruto mucho de mi vida profesional, de ver a mis estupendas amigas de años y años y a mis amigos sólidos y confiables. Claro que disfruto de mis rutinas de andar por mis montañas, llevar a cabo mis compromisos, aprender con mis “extraescolares”. Disfruto de mi apasionada y huracánica familia que alterna la calma chicha con los oleajes de emociones. Todo eso ya está en mi vida y yo estoy en todo esto…no se trata de salir de mi zona de confort y olvidarme de estos importantísimos afectos y anclajes, es más bien algo así como aprender a utilizar algunas especies y condimentos que añadan algo inesperado al plato.

Experimentar desde la confianza y la seguridad en mi misma. No necesito corazas, seguros o guías que me digan por dónde avanzar. Ha llegado el momento en el que yo puedo y quiero descubrir el camino.

¿Qué podrías hacer estas vacaciones para salir un poquito de tu rutinario confort? ¿Te apetece verte en algo desconocido confinando en todas tus herramientas y recursos, en todo tu ser y sus experiencias? Mis deseos para estas fechas ¡Regálate la incomodidad amable que necesitas! Y a ver qué pasa….

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