03 Dec 2019

Haciendo balance

Comienza el último mes del año y puede ser un buen momento, como cualquier otro, para hacer una evaluación, un balance profundo o calmado. Pararse, poner en perspectiva el presente y preguntarse si lo que estoy haciendo me acerca o me aleja de esos propósitos o visión más a medio plazo.

En las últimas semanas he estado inmersa en un ejercicio de una formación a la que acudo que consistía en escribir mi biografía. He dedicado tiempo a releer escritos propios y ajenos, a repasar fotografías, cuadernos de viaje. He puesto la mirada en lo que recordaba de manera espontánea y también me he dado cuenta de lo que tengo muy olvidado, como guardado en un cajón con polvo.

He pasado por instantes, en este bucear por los recuerdos, en los que algunas emociones algo escondidas han brotado, también he encontrado instantes totalmente olvidados que me han traído sonrisas, a veces nostalgias y en otros momentos una profundo agradecimiento por lo recibido y aprendido en este camino que es la vida.

Validar o legitimar todo ese mogollón emocional y comprender que lo profundo e interesante de este proceso no es llegar a una conclusión. He aprendido que, de nuevo, es más importante la trama que el desenlace, el proceso que el resultado y una de las cuestiones que más valoro ha sido permitirme repasar, repensar, revivir, resentir, recolocar, revisar. Regalarme este tiempo y este espacio.

Y me pregunto cómo sería si cada año (o el periodo que estimes oportuno) hiciéramos una biografía, un balance, una puesta en valor de lo vivido y aprendido con perspectiva.

Podríamos hacerlo de todas o de alguna área de nuestra vida (salud, entorno, situación económica, desarrollo profesional o personal, relaciones familiares, amistades, pareja o lo que se te ocurra que ahora mismo te vendría bien repasar) con sosiego, con una actitud abierta y amable, sin pretensión de nada, con disposición de descubrir algo desconocido o no visto hasta ahora, con ganas de aprender y mejorar, con el talante de incorporar o desechar algo.

Hacer balance me permite dejarme sentir, escucharme y reconectar con lo que realmente quiero y deseo. Escucharme, valorar y tomar decisiones. Plantearme cambios, los siguientes pasos y también, cómo no, saborear, disfrutar, valorar y agradecer lo que he alcanzado. No tanto como algo inmutable, sino algo que me hace sentir plena y dichosa.

Así que te invito y propongo que pruebes y aproveches estos días que vienen para dedicarte un tiempo para ti y a ver qué descubres!! Te animas?

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