En los últimos años parece que muchas reflexiones de mi vida (sobre las relaciones, sobre el desarrollo personal, sobre los trabajos, sobre las organizaciones, sobre la economía, sobre la construcción social) me van llevando de manera inequívoca a reflexionar sobre lo grupal y lo individual, de lo colectivo y lo particular, de lo comunal y lo privativo, de lo público y lo privado, del trabajo en equipo y en solitario.

He pensado mucho y cada día tengo más la sensación que nos hemos empeñado en resolver nuestros enigmas, desencuentros, conflictos, malestares, incomodidades, anhelos y un largo etcétera de manera individual. Nos han dicho y nos lo hemos creído que eso que nos pasa es “nuestro problema y somos nosotros, nosotras, a título individual quienes tenemos que ponerle solución”

Así que pongo en marcha todos los recursos propios y ajenos a mi alcance para lograr aquello que necesito. Bien sea afecto, cariño, apoyo, dinero, salud, consejo, compañía, tiempo, trabajo….

Y cuando siento que no lo logro, que no alcanzo, entonces en ese momento creo que algo estoy haciendo mal o que hay algo erróneo o dañado en mi.

¿Y si como yo hay muchas más personas? ¿Y si descubro que no sólo me pasa a mi? Quizá no soy yo quien está dañada, quizá no sea yo la que esté haciendo algo mal sino quizá sea el sistema el que no tiene en cuenta a las personas y sus necesidades. Quizá sea que el sistema ha creado estructuras no adaptadas a las personas que las usamos. Y es entonces cuando en mi reflexión aparecen algunas palabras o ideas como colectivo, público, grupal, equipo, comunal, compartido, red, tribu, comunidad, familia, humanidad, cooperativa, vecinal, asociación…..

¿Y si nuestro trabajo para lograr aquello que necesito no pasa por esforzarme más, por ser mejor, por ser perfecta, por organizar mejor mi escaso tiempo, por ser más eficiente, por ser más fuerte, por ser más divina, por ser más rápida….sino por buscar soluciones conjuntas a problemas que también lo son? ¿Y si parte de mi tiempo lo dedico a tejer redes de apoyo, de afecto, de cuidado que me hagan posible eso que yo sola no puedo?

No soy ingenua. Dedicar energía y tiempo a lo colectivo requiere paciencia y soltar mis maneras, mi ritmo y expectativas para dar paso a una construcción que se enriquece con la visión de más personas. No se trata de perder nuestra identidad, nuestra esencia, de dejar de ser quienes somos, ni de diluirnos en lo grupal para desapropiarnos de la responsabilidad propia. Claro que debo tomar las riendas de mi vida y al mismo tiempo, me niego a comprar el discurso que me quiere convencer que yo sola puedo con todo. No, no solo no puedo, sino que no quiero. No quiero construir un mundo donde tenga puesto el foco en mis necesidades sin importarme si eso tiene un coste para mi entorno.

Podemos aportar mucho a las vidas que nos rodean y podemos recibir mucha inspiración y apoyo. ¿Qué sentido tiene que tantas personas estemos intentando inventar la pólvora de nuestra vida? ¿Y si descubrimos que somos muchas las que buscamos algo muy similar? ¿Y si sumamos fuerzas?

Creo que podemos sorprendernos gratamente si decidimos explorar una vida donde descubramos la potencia y el potencial de lo grupal o colectivo.

¿Qué podría ser distinto en tu día a día si tuvieras una red de apoyo real? ¿Qué puedes aportar, que no te suponga un sobre esfuerzo, en las vidas de las personas que te rodean para hacer sus vidas más fáciles o con mayor bienestar?

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