Aunque no lo parezca o no seamos muy conscientes de ello, estamos constantemente haciendo cierres. Finales y principios, principios y finales. El día acaba y comienza la noche, termina la noche con el inicio de un nuevo amanecer. Y no podría ser de otra manera. No podríamos vivir un nueva salida del sol si no hubiéramos atravesado un periodo donde este no hubiera estado a nuestro alcance.

Nos pasa igual en nuestra vida. Lo cierres son constantes aunque a veces nos resistimos a ellos (queremos vivir más de eso que parece que se acaba) o no somos muy conscientes que se ha agotado (esas zapatillas que tan cómodas fueron, esa relación que tanto nos aportó, ese trabajo que con tanta ilusión comenzamos, o ese barrio donde tan buenos años pasamos). Todo tiene un principio y un final y hace falta mucha lucidez y conciencia para saber cerrar esas etapas que se nos presentan y que no sabemos muy bien qué puertas abren.

Hace unos días fue el 1 de noviembre, día de los muertos. Día donde recordamos a los que una vez estuvieron y ya no están de la misma forma. De alguna manera, es ayudarnos a pasar la página. Si no pasamos la página será imposible seguir leyendo y descubriendo cómo sigue la historia (nuestra/mi historia).

La gestión de los cierres o los finales no es algo para lo que se nos prepare. Estamos más acostumbradas a apegarnos a lo que nos resulta agradable o a pelearnos con aquello que no deseamos. Si viviéramos los cambios, y los cierres los son, de una manera más natural, otro gallo cantaría. Y hablo de natural en el sentido de seguir el ejemplo de la naturaleza. ¿Te imaginas a un árbol aferrándose a sus hojas en la llegada del otoño? ¿Te imaginas a un árbol, otoño tras otoño peleándose con la realidad? Sólo el planteamiento nos parece ridículo. ¿Por qué, en cambio, no asumimos que vamos a morir? (o envejecer o enfermar o vivir la pérdida de algo o alguien que queremos). Forma parte de nuestra naturaleza y en cambio nos gusta jugar a que eso no es real o que podemos escaparnos a esas vivencias imaginándonos en emociones o sensaciones agradables eternas. Amor eterno, felicidad eterna, seguridad eterna, bienestar eterno.

Y gran parte de esa “venta de moto” y de los mensajes que recibimos están centrados en despertar esa necesidad. Que anhelemos esa eternidad agradable. Si, por el contrario, sientes algún tipo de dolor, malestar, tristeza significa que algo errado estás viviendo y tienes que corregirlo de alguna manera, cuanto antes!!!

Cuánto nos cuesta cerrar y perder. Cuánto nos cuesta asumir y aceptar la realidad.

Y no saber gestionar los cierres, desde mi punto de vista, supone no aprender a vivir de una manera sana los inicios. Y a mi entender esto no lo tenemos muy en cuenta. ¿Cómo nos despedimos de los trabajos? ¿Se nos quedan cosas sin haber dicho? ¿Se nos quedan miedos no enfrentados? ¿De qué manera crees que eso te va influir en el nuevo espacio laboral? Y qué decir de las relaciones afectivas. ¿Cómo has dicho adiós a tus ex parejas? ¿Ya no existen o sigues manteniendo contacto e incluso afecto? ¿Cómo has cortado, si es que lo has hecho, el cordón umbilical familiar?

¿Has pensado alguna vez como son tus finales o despedidas? ¿Te cuestan? ¿Huyes de ellas? ¿Les dedicas tiempo para honrar y agradecer lo vivido? ¿Pasas por ellas como si ellas no pasaran por ti? ¿Tienes miedo a sentir el dolor que supone? ¿Te recreas en ellas y te cuesta poner energía a lo nuevo que comienza?

Te invito a que los próximos días pongas conciencia en tus finales, en tus despedidas, en tus cierres porque eso pondrá luz en tus nuevos pasos.

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