27 Oct 2019

Rendirse

Cuando toca rendirse ante algo incontestable, externo o interno, una victoria se nos plantea: aprendizaje.

Podemos retener información, concatenar conceptos, recordar una historia con todos sus detalles, deducir inferencias dadas unas premisas, podemos utilizar todas nuestras funciones superiores en nuestros estudios, sin embargo, no siempre aprendemos.

A quienes hemos ido a la universidad, alargando nuestros años de estudiante, la frase referente a la “escuela de la vida” podría parecernos una excusa o justificación. Sin embargo, la vida nos otorga la opción de aprender, cada vez que nos permitimos no pasar de puntillas y rendirnos ante la dimensión de una realidad más grande que yo misma, que tú y que toda la humanidad.

Tener o no tener razón, se torna secundario cuando encuentras la manera de observar lo global….no renuncias a tus razones ni a tus motivos, simplemente dejas de pelear.

Quieres a una persona que se ha transformado en un agujero negro que no hace otra cosa que engullir toda tu energía. Sabes que no puedes parar esta inercia, que este final te va a acompañar durante algún tiempo. Dejas de luchar, dejas esa lucha para tener la razón, tu razón protectora, tu razón coraza, y decides rendirte al dolor, a la impotencia, a tu humanidad. A saber cuando puedes y cuando no acercarte al sumidero de tu cariño, de tu tiempo y de tu luz para dejar que la chupen y quedarte vacía. Y ese día, ese día en el que has aprendido a rendirte, a soltar el control, vuelves a casa agotada y satisfecha.

La segunda parte de la rendición pasa por un imprescindible ritual de autodcuidado. Si te has vaciado, no dejes que nadie más espere que des. Toca recargarse, como tú lo necesites, conecta con la fuente que rellena tu energía, tu luz y tu amor y nútrete, Si has aprendido la lección vital, entenderás que la rendición afectiva y mental conlleva también una rendición física que necesita descanso.

Descansar es parte esencial de la salud, del equilibrio y de la fortaleza. Cuando nos sabemos fuertes, entendemos que nuestra fortaleza viene de la energía vital que se renueva con cada noche de descanso, con cada conversación sentida, con cada sesión de risas, de mimos y caricias. La vida nos recarga de energía y fortaleza solamente si decidimos vivirla a través de cada momento que nos nutre.

Entonces, con un aprendizaje nuevo en la mochila, podemos cuidar de esos agujeros negros que chupan y absorben nuestras luz, nuestro amor y nuestra vida, durante un ratito…

No es fácil renunciar al cuidado de una persona dependiente, de una persona amada y dependiente. Es una gran lucha, no con la persona, no con la vida, sino con nuestros automáticos, expectativas y creencias. Es una lucha para desaprender lo que nos daña y no nos sirve para reiniciarnos en nuevos escenarios vitales.

El rol de cuidadora, cuidador, además de un gran desgaste físico y afectivo, es un reto para nuestro equilibrio, es una ventana para aprender todo sobre el autocuidado.

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