Algunos papeles que interpretamos son unos papelones, otros, nos los creemos durante años. Nos los creemos tanto que empezamos muchas frases con palabras como esta “yo soy una persona (tímida, resolutiva, que se le da bien las personas….pon aquí lo “tuyo”, lo que quieras)” o como esta otra “yo, en una situación así, lo que haría es……” o “lo normal es que cuando alguien te ofrece ayuda…..”

Así, no sólo sabemos y afirmamos cómo somos, cómo hemos sido siempre y parece que creemos que así seguiremos siendo, sino que además, vemos e interpretamos el mundo, lo que sucede, según esas gafas deformantes, según mis miedos, mis necesidades, mis carencias, mis seguridades, mis fortalezas, mis habilidades, mis valores, mis expectativas, mis normas….Ver el mundo con ese filtro hace que lo juzguemos bajo esa vara de medir. Lo que se acerca a mi criterio es estupendo, lo que no, es incorrecto, inválido, no valioso o no merece la pena.

Ese papel que vamos forjando desde que somos peques y que se va conformando en nuestra manera habitual de reaccionar, de sentir, de responder a lo que la vida nos va poniendo delante.

Mientras yo he creado este personaje, otra persona crea el suyo propio, otro distinto, fruto a su vez de sus vivencias, de sus posibilidades, de sus circunstancias. Ni mejor ni peor. Sólo es otro personaje lleno de limitaciones, con sus luces y sus sombras.

Y no habría mayor complejidad si fuéramos capaces de ver, lo primero, nuestro propio personaje y después, el de las personas que nos rodean y con las que nos relacionamos en todos los niveles.

Ver y aceptar el personaje. Saber que es eso, sólo un personaje, necesario para salir al mundo, pero un personaje al fin y al cabo. Algo que no tenemos que defender como la verdad. Comprender que hay otros personajes, distintos, igual de limitados que el mío, que hacen también su tarea de ayudar a otra persona a salir al mundo.

Ver el personaje nos permitiría, en una segunda fase, llegar a reconocer a la persona que hay detrás. A la persona real, con su herida y los mecanismos que le han permitido sobrevivir.

Muchos conflictos, malentendidos, falta de conexión se produce cuando nuestros personajes chocan, cuando tu manera chirría o se incomoda con mi manera. Hay personas que necesitan orden y crean personajes que ordenan, que controlan la situación, que son más normativas, que incluso pueden ser rígidas, que se sienten seguras en la organización. Hay otras personas, en cambio, que sus necesidades les llevó a crear otros personajes casi opuestos. Y de repente, te encuentras en el trabajo, en una formación, en la familia, en tu grupo de senderismo o en tu vecindario a alguien (cuyo personaje) te pone de los nervios, te saca de tus casillas, no puedes con él o ella. Y ahí es donde tienes una oportunidad maravillosa para pararte, respirar y decir…¿qué le pasa a mi personaje con este otro personaje? ¿Qué hace este personaje que mi personaje no se permite? ¿qué necesitaría soltar mi personaje para entender a este otro? ¿Qué podría incorporar de este personaje?

Podríamos hacernos infinidad de preguntas que nos ayudaran a no quedarnos en lo superficial de cada conflicto o malestar y profundizar en nuestro autoconocimiento. Sabiendo que somos mucho más que este personaje automático que actúa sin nuestro consentimiento en muchas ocasiones. Tengo la profunda convicción que cuanto más honestas somos, cuanta más luz aportamos a nuestros procesos, cuanto más amor y compasión ponemos en juego, nos transformamos en personas más libres, menos rehenes de esos automatismos que nos llevan una y otra vez a los mismos lugares conocidos.

¿Qué te gustaría incorporar de otros personajes? ¿Qué te gustaría soltar de tu personaje principal?

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