Tock, tock…


….silencio


¿Hay alguien? ¿Me escuchas?


….silencio (nuevamente)


¡Vale! Ya está bien….tú lo has querido….


“Menudo dolor de cabeza/espalda/pie/tripa se me ha puesto de repente” “algo me habrá
sentado mal”…..


Si, nos sienta mal, muy mal, no parar la vorágine del automático cuando nuestro cuerpo o cualquier otra parte de nuestro ser nos pide que la escuchemos. Sin embargo, esta es la manera en la que vivimos y la manera también en la que educamos a nuestros hijos e hijas.

A las nuevas generaciones les enseñamos esta forma poco saludable de vivir y de planificar sus vidas. Nos cuesta quitarnos de la adicción al control, la agenda llena y la comparación. Nos dejamos llevar tan fácilmente por el “y yo también” ante un <que ocupada/o estoy> de alguien, e incluso optamos muchas veces por un valoradísimo “yo más” a codazo limpio. Da igual el terreno, a veces fantaseo con escenas absurdas en las que me pillo compitiendo por cualquier enfermedad, sufrimiento o cualidad oscura y opto por reírme…..¿te ha pasado alguna vez?

Lo único importante que necesitamos cada día es justamente estar presentes. Presente en mi, en lo que pienso, en lo que siento, en lo que hago y no en cada momento, aunque si cada día. El automático y la rutina también han de formar parte de nuestro día a día si queremos, solo es cuestión de equilibrar, de mantener la atención abierta a escucharnos, a preguntarnos. Si tu cuerpo o tu mente te llaman para que pares un momento y les escuches, hazlo. Merece la pena. Estírate, levántate de la silla, toma una inspiración profunda y pregunta ¿qué ocurre? Algo vendrá: necesitas parar un poco, este compromiso no es importante y el tiempo lo necesitas para algo más, puedes no saber, puedes no querer, sal a andar un rato sola/o, ….algo necesitamos cada día para mantener a nuestro ser en pleno funcionamiento, no te prives de estar en y para ti.

Lo importante, al final de cuentas, es que estás aquí, viva, vivo y si quieres seguir así, cuídate, escúchate, atiéndete.

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