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Seguro que te ha pasado alguna vez. Escuchas a una persona y observas que está totalmente convencida de lo que dice. Tu, en cambio, mientras escuchas, crees que se engaña. Se engaña y se cree su propia mentira.

Hoy, me preguntaba sobre la utilidad de las mentiras que nos contamos, sobre las ideas sobre las que apoyamos una etapa de nuestra vida, sobre esas creencias que necesitamos en algunos momentos para ayudarnos a despertar, o a pararnos, a bucear en nuestro interior o para salir ahí fuera a descubrir mundo y que nos descubran.

En realidad, ¿Qué es verdad o mentira?

Así, a medida que vivimos, que experimentamos, que reflexionamos sobre lo vivido, que tomamos conciencia de las consecuencias, en nuestra persona y fuera, de la experimentado, nos vamos construyendo nuevas verdades sobre las diferentes cuestiones. Así, nuestro mirada o punto de vista sobre el trabajo ha ido cambiando a lo largo de los años, de la misma manera que lo hemos hecho sobre las relaciones, la idea de éxito o fracaso, la importancia del deporte o sobre hacerse la cama antes de salir de casa por las mañanas.

Las personas que no se cuestionan sus propias ideas, que no escuchan otras opciones, que no se permiten salirse de la norma (de su propia norma), esas personas se pierden la riqueza de los matices, de la sorpresa real, de profundizar en las diferentes capas de una misma realidad. Me atrevería a decir que así se pierden gran parte de la vida.

Las mentiras o verdades que nos contamos son necesarias. Necesitamos apoyar o sustentar nuestras conductas en creencias, en valores. Y de la misma manera que necesitamos creer en lo que creemos, desde mi punto de vista, debemos ser muy conscientes que esas creencias son fruto de años de educación, de mandatos sociales, del entorno social y económico en el que vivimos, de las experiencias pasadas y las interpretaciones que hemos hecho de las mismas, de los miedos y vergüenzas insertados en nuestro corazoncito, y de la misma manera que las creamos (con más o menos conciencia), se pueden matizar, modificar o eliminar por completo. Son eso, ideas, creencias, mentiras o verdades, cuentos que nos hemos contado y nos hemos creído.

Me parece muy importante poner conciencia a esos “cuentos chinos”, ponerlos en valor o mandarlos a paseo y sustituirlos por otros cuentos con los que nos sintamos más auténticas. Desde mi punto de vista, el reto profundo no es ser coherente con quienes éramos o fuimos o con quienes quieren que seamos, sino con quien sientes que eres, en este instante, el único que existe, el ahora.

Así, mi propuesta de esta semana es que te tomes un tiempo para reflexionar y revisar tus “cuentos chinos”, tus mentiras (o verdades, quien lo sabe!) esas ideas que tienes sobre el amor, las relaciones, el trabajo, la familia, los cuidados, la salud, el hogar, el dinero y todo lo que consideres importante en este momento en tu vida.

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