Quien más quien menos se plantea objetivos, propósitos o simplemente tiene planes o quiere conseguir algo que desea o le hace ilusión.

Sólo desearlo ya activa en nosotros y nosotras que nuestra mente comience a imaginar lo estupenda que sería nuestra vida si lo consiguiéramos y de alguna manera, nuestro cerebro también elabora lo horrible que será si no lo logramos.

Y lo que puede ser una ilusión, algo que nos motive, también puede convertirse en algo que nos obsesione y por lo que nos esforcemos mucho por lograrlo.

Ese esfuerzo puede poner en riesgo otros aspectos de nuestra vida, nuestra salud, nuestro trabajo, nuestros estudios, nuestras relaciones, nuestro equilibrio emocional y todo lo que se te ocurra.

En muchas ocasiones, sólo nos centramos en lograr ese propósito cueste lo que cueste, sin darnos cuenta que pagar ese precio nos va a salir muy caro.

¿Qué es entonces el éxito y qué el fracaso?

Cuando estamos en una sesión de coaching y definimos cual es el propósito del proceso y de la sesión, es importante no perder de vista lo “ecológico” del mismo. Me explico. ¿Tiene sentido que me plantee perder kilos si con ello pongo en riesgo añade aquí lo que quieras? ¿Tiene sentido que me empeñe en tener un hijo si con ello pongo en riesgo añade aquí lo que quieras? ¿Tiene sentido que me esfuerce para lograr ese ascenso si eso va a suponer añade aquí lo quieras?

Todas estas preguntas, u otras que te resuenen más, son sólo eso, preguntas. No hay respuesta correcta. Para algunas personas son claramente un sí, para otras son claramente un no y para otras son señales de aviso, alarmas que nos ayudan a tomar conciencia de lo “ecológica” que es su vida y la gestión de la misma. ¿Qué precio estás dispuesta o dispuesto a pagar? ¿Qué otras facetas de tu vida están en juego? ¿De qué manera vas a cuidar que no se rompa el equilibrio?

Renunciar a los objetivos que realmente te hacen ilusión, son importantes no es fácil. Supone un proceso de duelo que activa otros duelos. Es perder oportunidades, es perder parte de la imagen que te has construido y que te has creído, en algunos casos te lo has creído tanto que supone tocar algo profundo, casi identitario. ¿Quién soy si no tengo trabajo o hijos, o ese cuerpo perfecto o ese trabajo chulo? ¿Quién soy?

¿Quién eres sin todo eso?

Y ahí se abre el suelo y por momentos no tienes tierra firme en la que pisar. Y, es en esos momentos, cuando te encuentras en un momento bellísimo. Tú frente al espejo del fracaso, frente al espejo de la rendición, frente al espejo de aceptar que ¡no podemos estar en el presente y al mismo tiempo planificar nuestra vida! (esta frase la leí en un libro de Pema Chödröm)

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