La era de la razón nos regala escritos, frases, teorías, supuestos y un sin fin de entretenimientos para nuestras mentes. Y en si, suena bien, o ha sonado bien durante muchísimo tiempo aquello de la razón humana, el raciocinio como fuente del saber o el cultivo de la mente como alimento primordial.

Vamos al cole, del cole al instituto y de ahí a la universidad. El cuerpo puede estar más o menos presente en las clases de deportes (bastante infra-aprovechadas la verdad) o educación física (aún no sé bien lo qué es) y en el patio durante los recreos. A parte de eso, ya no hay nada. No hay nada desde la visión adulta, pues cuando somos niños y niñas no entendemos esa frontera (“menuda tontería separar cuerpo y mente, no es posible”…).

En mi formación como psicóloga había mucha mente, todo era mente y teorías y autores (autoras pocas) y experimentos mentales, etc. Ha sido luego, en la práctica, cuando me he dado cuenta del gran problema que supone dejar al cuerpo fuera. La ansiedad se siente en el cuerpo y se alimenta desde la mente. La depresión se habita en el cuerpo y se nutre de la mente. Cuerpo y mente son una unidad aún a nuestro pesar, a pesar de los constructos culturales que mediatizan la educación escolar y el sistema sanitario que pretende cuidar de nuestros cuerpos.

En la práctica, me encuentro que hablando desde el cuerpo al resto de cuerpos, la comprensión llega en tono de tranquilidad, de comprensión tranquila, serena y pacificadora. De acuerdos en el desacuerdo, de aceptación de la diferencia como la base natural de la vida. De la entrega para seguir construyendo y tejiendo la base del autocuidado y de la conexión.

Hace un par de días, le di una vuelta a lo corporal con una propuesta alucinantemente bella por su sencillez: escribir desde el cuerpo. Recibí un taller de escritura con el cuerpo como base, Cartografíar el Cuerpo (de Narrativas y Otras Lunas) y se generó mucha magia. Magia desde la que conectar sensaciones, emociones, ideas, dudas y sorpresas. ¿Le has preguntado alguna vez a tu cuerpo qué necesita y qué quiere expresar? ¿Te animas a probar? Y si te regalas unos minutos para sentarte con una parte de tu cuerpo tan importante como tus manos. Agarran, acarician, abrazan, ponen límites, alejan….las manos cuentan y mucho. Te invito a observarlas durante un rato, a sentirlas, a ver qué quieren expresar y sin preguntar a tu mente lo que está bien o mal, escribe una historia. La historia de tus manos aquí y ahora, la historia que quieren contarte en este preciso momento.

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