La diferencia principal entre estar en modo mindfulness y no estarlo, la sabe y nos la indica nuestro cuerpo. La respiración, como foco de las meditaciones, nos ayuda a saber si estoy:

  • En estado de atención al momento presente (en mi respiración, en una sensación del cuerpo, en un pensamiento…)
  • En modo indicaciones y chequeo sobre si estoy o no haciendo las cosas “bien” (siguiendo las indicaciones, entendiendo las indicaciones, controlando las indicaciones….)
  • En modo escape-evasión mediante todo tipo de juicios, pensamientos automáticos, sensaciones automáticas, etc.

Por esto es tan potente la práctica habitual de mindfulness: porque desarrollamos la capacidad de cambiar el lugar desde el que estoy en un momento. Esto se debe a que nuestro cerebro genera un camino más fuerte y accesible al cambio del pensamiento rumiante y automático al estado de atención consciente en el aquí y ahora. Es decir: mi pensamiento comprende la experiencia en un plano accesible y presente, lo que ocurre en mi mente tiene que ver con el momento presente, o mejor dicho, con la manera en que todo mi bagaje, mis condicionamientos, mis experiencias y mis carencias, viven el momento presente, pudiendo entender esta interacción desde la experiencia, desde el sentir. Mindfulness por tanto, nos conecta con lo que está ocurriendo en el plano sensorial, mental y por lo tanto emocional. Es una práctica integradora de las vivencias que ocurren en un momento concreto en la persona.

¿Cómo traer más conciencia desde el cuerpo en nuestro día a día?

  1. Respira
  2. Siente tus pisadas, el contacto del pie con el calzado o con el suelo
  3. Siente tu columna en tu espalda, siente su verticalidad
  4. Observa con curiosidad esta tensión o aquel dolor en lugar de solo quejarte
  5. Respira ampliamente al aire libre, en el campo, en un parque
  6. Observa el horizonte
  7. Practica todo esto cada día…que puedas

Eso si, conviene recordar algunas actitudes en la práctica.

Respirar atendiendo las sensaciones y los movimientos asociados a cada inspiración y cada espiración, sean 1 o 100 nos permite generar esta conexión. Darme cuenta, mientras hago esas 100 respiraciones, que mi pensamiento se ha distraído con un sonido -y volver a la respiración después-, un recuerdo -y volver a la respiración después-, una tensión en un hombro -y volver a la respiración después-, etc., también ayuda a afianzar y asegurar este camino. Por lo tanto, cuando practicas, sabiendo que es natural que tu mente se distraiga, solo debes saber que observar esto y anotar mentalmente la distracción para volver a tu objeto de meditación te ayuda a tener más presente y accesible el estado mindful. Te permite ser tú quien utiliza el interruptor modo consciente/modo automático. Para que esta actitud esté presente, necesitamos limpiar de distractores automáticos a nuestra mente. Es por ello que las actitudes como el no juicio, la mente de  principiante, la curiosidad, la aceptación o la paciencia son clave.

¿Qué pasaría si cuando notas que tu mente se ha distraído te dices algo así como “esta distracción ocurre porque….” o bien “no, ahora no, tendría que haber pensado en esto antes o después pero no ahora mismo!!!” o quizás “no me gusta pensar esto, esto es horrible, yo soy horrible…” ¡Exacto! Estos botones automáticos nos llevan a la rumiación mental, alejándonos de la observación atenta y conciente de mi sentir y mi pensar. En esos momentos se activa el sistema automático de alerta y el sentir no está relacionado con algo presente sino con un condicionamiento estresante, el pensar se convierte en una película que ocurre en otro lugar y en otro tiempo y nos vemos atrapadas y atrapados por estas dos dimensiones. El cuerpo deja de estar presente, no respiramos, no sentimos tensión en el hombro, ni nada más. La importancia de alejarnos del juicio, de tener paciencia a nuestro proceso y de no tener que saberlo todo, son claves para hacer que el camino sea más accesible.

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