Hacía tiempo, quizá demasiado, que no me sentaba en un aula en posición de recibir. Aclaro que, aunque una esté en el rol de facilitadora en un taller o una formación, siempre, siempre, recibe y aprende sin parar. Me refería a que hacía tiempo que no estaba en la posición de alumna, de persona que no sabe qué va a ocurrir en la sala y que todo lo que sucede es inesperado.

Colocar a la mente y al cuerpo en una posición de apertura a lo desconocido es sencillamente mágico. Hay ratos donde sientes que la persona que facilita el taller (y el grupo) te sumerge en un mundo nuevo. Sientes que, a ratos, ese mundo nuevo y mágico te exige salir de tu zona cómoda y colocarte en situaciones o vivencias donde toca exponerse, donde toca hacer algo que no has hecho nunca, donde quizá toca hacer algo que no te apetece nada o, incluso, crees que no sirve para nada. Aparecen resistencias propias de la mente adulta, nos cuesta lo nuevo, nos cuesta abrirnos a lo desconocido, a la incertidumbre. Por eso, precisamente por eso, es tan sano hacerlo.

Me recuerda mucho a la sensación que se tiene al viajar. Cuando aterrizas y de repente todo lo que ves, oyes, hueles, vives es 100% nuevo. Nunca antes has estado en esa ciudad, ni antes tomaste ese tren, nunca antes viste ese paisaje, nunca antes tomaste una cerveza en ese local. Ni nunca antes y es muy probablemente que tu mente piense que nunca después. Así que lo vives intensamente, como si fuera un momento único. Porque lo es!! Cómo no!! Todos lo son, pero no somos conscientes o tan conscientes de ello.

¿Y si todos los días viviéramos como si estuviéramos en un curso o viajando? ¿Y si nos colocáramos las gafas de aprender y viéramos el mundo con la mente de la persona que no lo sabe?

En mindfulness hablamos de la mente del principiante y se puede aplicar a cada instante de nuestra vida cotidiana.

Leía el otro día (siento no mencionar la autoría pero no recuerdo dónde fue) que alguien preguntaba después de cada reunión de trabajo ¿Qué hemos aprendido de este encuentro? Y escuchaba las respuestas y las anotaba en un cuaderno.

¿Y si anotamos lo que vamos a aprendiendo de cada reunión, encuentro, taller, conversación, paseo, etc?

Tomar conciencia y anotar los aprendizajes me parece un camino interesante para poner el foco en que cada instante es único y que vivirlo como tal es honrar tu presente, tu vida. No la des por supuesta, hay mucho, muchísimo por aprender todavía!

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