Hay algo mágico en cada viaje. Emociones que no son frecuentes, aunque si habituales, acompañan cada momento, cada recodo del camino. La sorpresa, la vulnerabilidad, el aprecio por la belleza, la fragilidad, la diversión, la magia, el agradecimiento, la grandeza de lo que me rodea, la aceptación, la mente de principiante y el no juicio….todo este sentir de manera continua, cada día, varias veces al día…solo puede ser revitalizador.

Luego, el día a día nos pone en modo ahorro y tiramos de automatismos que no nos revitalizan tanto y, aunque ahorrar está muy bien, no sé si la vida es lo que necesita ¿¿un plan de ahorro vivencial??…mmmmh! Como que no suena bien ¿no?

Y más allá de frases lindas, como la que inspira este post (“el día que comprendí que lo único que me voy a llevar es lo que vivo, empecé a vivir lo que me quiero llevar”), hay algo de verdad que me inspira. Vivir lo que quiero que exista, lo que quiero ver, sentir, pensar, hablar. Vivir lo que alimentará mis memorias cuando tenga 80 años (si llego a cumplirlos).

Estuve de viaje, si. Empecé 2019 cumpliendo uno de mis sueños y sin darme cuenta, la vida me regalo muchas experiencias aún más valiosas y nutritivas. Me regaló conocer a personas que se rompen y se reconstruyen, con una sonrisa y los puños apretados. Que tienen una casa y no necesitan que su vida transcurra allí. Que viajan como modo de vida. Que sufren y no se quedan esperando una solución que caiga de ningún tipo de cielo, cogen la mochila, se arremangan y van a por ella. Conocí a una persona que lleva sus pertenencias con ella misma, “mi vida en un petate”….y conocer personas que sienten, dudan, hacen y deshacen creo que es muy inspirador. No tienen que gustarnos las vidas del resto, ni sus opiniones. Yo creo que lo que inspira es que te guste conocer: conocer diferencias, conocer otredades, conocer y comprender la inmensidad de la vida.

¿Qué quieres crear? ¿Qué quieres llevarte? ¿Qué vas a vivir?

Share
This