Si sabes que vas a fallar, entonces, falla gloriosamente. – Cate Blanchett

En este espacio en el que compartimos algunas reflexiones semanalmente, nos damos permiso de explayarnos sobre lo que nos apetece: aprendizajes, inspiraciones, experiencias, lecturas, películas, etc.

La semana pasada, mi socia y amiga Raquel Vázquez se desnudó un poco en una entrada muy especial y valiente, en la que hablaba de cómo las exigencias o ideales nos distorsionan y nos impulsan a una vida con filtros. La verdad es que siendo psicóloga y dedicándome a lo que me dedico lo más valiente para mi es justamente eso, expresar las sombras, expresar lo humana que soy y los momentos de lío, angustia o  descontrol propios, como algo natural en mi experiencia de vida.

Así que inspirándome en la frase que hace de entradilla, a ver qué sale de este fallo glorioso.

En los últimos 2 o 3 días me he encontrado con una de mis sombras que subsistía sin que le prestase demasiada atención pues se agazapaba en el “yo no he sido”. Cada vez que lanzaba la piedra y tras una sonrisa entre burlona y sarcástica se escondía sonrojada entre “no es para tanto” y “no es lo que parece” en medio de la vergüenza. La vergüenza puede ponernos un pañuelo en los ojos para no querer ver.

Mi imagen amable, empática, cariñosa y dulce contrasta con la competitividad que vive en el sótano. Esa competitividad que refunfuña ante los fallos propios y se pica con los logros ajenos, que aparece con un taburete absurdo para subirse en él y mostrarse altiva, superior, triunfante. Casi nunca tiene el protagonismo que desea, no es mi parte de más visible. De hecho muchas veces está dormida, no la invito a formar parte de mi día a día. Sin embargo, en ocasiones, cuando más vulnerable e insegura me encuentro, ¡zas! aparece para “animarme” a su manera y lo hace de pena…salen frases, interpretaciones y reacciones impregnadas de soberbia y pedantería. Enseguida se marcha, escondiéndose en la vergüenza como decía antes. Otra sombra de la que me ocuparé algún día y que tampoco me gusta…

La conocía si, solo que no me había permitido mirarla a la cara y aceptarla como parte de mi, como un filtro que a veces me hace sentir un poco mezquina. Creo que escribo esto sin pensar mucho en el para qué, dejando que fluya la experiencia porque, al fin y al cabo, si, soy psicóloga, coach, meditadora y humana. Soy como tú, como todas las perosnas. Tengo ingredientes de los que estoy orgullosa y que me encanta que se vean, se huelan y se sepan y otros que no, que escondo, tapo y enmascaro. Mezquindad con un poco de canela, amabilidad y sonrisa amplia,  dulcificándola para que casi no se note.

Ahora mismo siento ligereza. Escribo y me permito ser, me permito aceptarme con mis sombras y no solo eso, les dejo espacio. Hablo de ellas o más bien escribo de ellas porque así, solo así, sé que podré negociar un despido amigable y transformarla en alguna otra manera de brillar. No por encima, sino al lado. No para tapar huecos, sino para iluminarlos y ver qué hay en el fondo…

¿Te animas a mirar a tus sombras? No has de exponerte, solo permitirte ser quien eres, sin esconder aquello que no te gusta tanto. Total, por probar ….

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