10 Sep 2018

Exigencias y permisos

De un tiempo a esta parte estoy siendo muy consciente de la cantidad de exigencias que me he puesto. No es algo nuevo, creo que he vivido con estos auto mandatos desde “siempre” y supongo que creí que así sería mejor hija, mejor estudiante, mejor jefa, mejor compañera de trabajo, mejor amiga, mejor novia, mejor amante….(podemos sumar aquí todos los roles ejercidos desde tiempos remotos)

Exigencias variopintas que pueden ir desde lo que debía ser:

Por ejemplo: rápida, humilde, eficiente, agradable, inteligente, maja, respetuosa, comprensiva, buena gente, conciliadora, comprometida, etc, etc, etc

A lo que no podía permitirme:

Por ejemplo: equivocarme, no saber, hacer el ridículo, rebelarme, enfadarme, molestar o fallar a alguien, incomodar, pasarme de la raya, ser incoherente, faltar a mi palabra, llegar tarde, etc, etc, etc.

Todas esas exigencias y muuuchas más me hicieron muy poco permisiva conmigo y con el resto de la humanidad. Crearon en mi un ideal de cómo deberían ser las cosas, las personas e incluso cómo deberían ser las circunstancias (si, si…todo muy loco)

Esos ideales, son eso, ideales (visto desde no sé qué loca perspectiva, pero ideales al fin y al cabo), pero muchas veces no los vivimos como tales sino como deberías o exigencias y son el listón o la medida de las cosas correctas. Si cumplen el ideal están bien, si no lo cumplen están mal, son insuficientes o nos dañan.

Vivir desde y para el ideal nos hace no amar la realidad tal y como es, nos impide aceptar nuestra realidad sea la que sea, incluso la que no nos agrada y queremos cambiar.

El otro día escuchaba a una mujer con dificultades económicas, que no podía pagar el nuevo curso de su hijo en un colegio privado. Se negaba a aceptar la nueva realidad y por tanto no era capaz de buscar una alternativa o solución a su nueva circunstancia. Estaba absolutamente bloqueada, paralizada, peleándose con la nueva situación, lamentando su mala fortuna y la falta de apoyos externos.

Negar la realidad es una manera de no aceptar la nueva situación. Negar es exigirle a la vida que sea otra cosa distinta a lo que es. Igual que cuando negamos que tenemos una enfermedad, es no permitirle al cuerpo estar como está. Es exigirle que siga siendo ideal, perfecto.

No dar espacio a lo imperfecto, a lo real sólo nos lleva al conflicto eterno con nuestra propia persona y con el resto. Nos impide estar realmente en el presente y estar en el punto de partida real desde el cual poder (o no) hacer algo al respecto.

A veces resulta muy complejo y difícil transitar el dolor que nos causa la realidad. A veces queremos huir, escapar, negar, negociar. A veces colocamos a nuestra mente a funcionar para que argumente y reargumente a ver si así los hechos cambian. Y a veces, todo eso no funciona y la realidad se impone y toca rendirse. Aflojar y rendirse. Y aceptar también que nos está costando aceptar. Y a partir de ahí, desde mi ser auténtico, real, sin exigirme ser ni estar de ninguna manera, desde ahí, puedo comenzar a transformar la vivencia de mi realidad.

¿Te has planteado cuales son tus exigencias? ¿Te has planteado cuántos deberías gobiernan tu vida? ¿Te has planteado qué permisos no te das?

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