Se me ha dado tanto que no tengo tiempo para reflexionar sobre lo que se me ha denegado. Helen Keller

Hoy me apetece compartir una reflexión que lleva rondando mi mente, mi corazón y mi trabajo con mucha presencia últimamente.

  1. Sabemos que el sesgo negativo de nuestro pensamiento nos ha permitido sobrevivir y que, de tanto entrenarlo, es el sistema de regulación más activo y presente en nuestro día a día.
  2. Sabemos que este sesgo negativo conecta con nuestras reacciones automáticas y con la respuesta de estrés: la potencial amenaza como una constante en la vida y en cada esquina.
  3. Sabemos que este sesgo negativo nos ayudó a evolucionar y que, conjuntamente con nuestra inteligencia social, nos construimos una red llamada sociedad que nos facilita la supervivencia sin tener que realizar grandes esfuerzos en el día a día.
  4. Esto ha permitido que el ser humano se enfoque en otros dos sistemas para regularse, a saber, el logro de objetivos motivantes y retadores (que aunque puede compartirse en equipo o familia suele activarnos en modo individual); y el de bienestar y calma que nos conecta con la voluntad de generar un bienestar a otras personas y a uno/a mismo/a.
  5. Sabemos que podemos cambiar de uno a otro (sistemas) y que generar calma y bienestar es siempre una opción.
  6. ¿Por qué no lo hacemos más?

Si, los hábitos son difíciles de romper. Sobre todo cuando no sabemos que estar siempre enfurruñado/a y en modo queja por lo horrible que es la vida y “los otros”, es solo un hábito…una opción. Una manera de sobrevivir. Es posible cambiar la mirada y el hábito para relajar la respuesta ante la amenaza y empezar a soltarnos para vivir con más serenidad.

Si eres de las personas que ya se ha dado cuenta y que aún estás en el proceso de cambiar el chip y reducir la intensidad en tus respuestas de amenaza, te invitamos desde aquí a practicar algo que puede ayudarte en este proceso de cambio: agradece.

Practica el agradecimiento a diario. Puedes empezar llevando un diario de agradecimiento durante una semana. Cada noche o cada final de jornada, anota en un cuaderno que tengas a mano para este fin, 5 cosas que han ocurrido en el día a las que sientas agradecimiento (el olor del café de la mañana o del pan recién horneado, los colores del amanecer en el cielo, haber podido parar el “modo defensa” y haber cedido el paso a alguien, una sonrisa, un gracias, un por favor, una palabra amable, una escucha sincera, la comida del medio día, una música que te gusta y te saca la sonrisa, mirar al cielo, respirar, estar aquí leyendo esto…). Hay muchas cosas que podemos agradecer a lo largo del día. Pueden ser eventos que suceden y a los que presto atención o incluso acciones que llevo yo a cabo con consciencia y decisión. Elije 5 de estas cosas y anótalas en tu cuaderno. Mañana otras 5 y así durante una semana… muy probablemente te darás cuenta que se va generando un hábito nuevo: estar consciente en el momento en el que ocurre algo hermoso.

Este ejercicio nos permite salir del modo “defensa” y cultivar un modo más calmo y sereno para estar en la vida, cultivando la alegría y el contento por estar aquí, viviendo con consciencia. ¿Te apuntas al reto? ¡Merece la pena!

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