Enamórate de tu presente, sea el que sea. Puede parecer una propuesta descabellada, puede parecer fuera de lugar, incluso un sinsentido. Para mí, tiene todo el del mundo.

No me refiero a ese enamoramiento adolescente (y no estoy hablando de edad, puedes tener 50 y vivir un enamoramiento adolescente) donde sólo ves la cara amable de la otra persona, dónde lo que no te gusta o te desagrada pasa casi desapercibido (no quieres verlo, no quieres reconocerlo, no quieres ser consciente de ello porque crees que eso significaría que ese estado de gracia se acabará y no quieres!!)

No, hablo de ese otro enamoramiento, llamémoslo más adulto (de nuevo aclarar que no es la edad quien te enseña a sentir a la otra persona así) en el que estás en disposición de ver y percibir a la otra persona tal y como es, con sus aspectos más luminosos y con esos otros que te agradan menos. Hablo de ese enamoramiento que tiene que ver con querer acompañar y ser acompañada sin invasiones, sin exigencias, ni posesiones. La otra persona no me pertenece ni ha llegado a mi vida para cambiar la mía, ni para servirme, ni para enseñarme, ni para ayudarme, ni para nada que tenga entre mis expectativas. La otra persona está en su camino, yo en el mío y cada persona decide qué puede y quiere poner en el trayecto común. No hay una sola forma de entender ese camino conjunto y por tanto no hay fórmulas o pautas que haya que seguir o hacer de ninguna forma en concreto. No se fuerzan las cosas para que sean de ninguna forma determinada.

De ese enamoramiento hablo. Enamorarse de tu presente, de tu realidad, de tus circunstancias, de tu persona, de tu dolor, de tu edad, de tus miedos, de tu alegría, de tu cansancio, de tu luz, de tus dudas, de ti, de tu vida y de lo que único que es real, que es el presente.

Enamorarse de tu presente supone mirarlo de frente y aunque no te agrade todo lo que ves, amarlo porque no amarlo no supone que desaparezca o duela menos. No amarlo, rechazarlo, resistirse a lo que es sólo lo hace más presente y añade al posible dolor, la dosis justa de sufrimiento, innecesaria por otra parte.

Enamorarse de tu presente supone abrazarlo, conocerlo, transitarlo, llorarlo, reírlo, experimentarlo, sentirlo, olerlo. Dejar de mirar hacia otro lado, dejar de ignorarlo, dejar de anestesiarse con entretemientos para rellenar huecos o vacíos (véase la anestesia de la tele, de la comida, de las compras, de las drogas, de las relaciones)

Enamorarse de tu presente también es comprender que todo cambiará y que lo que hoy te supone o proporciona una alegría infinita es transitorio, igual que lo que te dices que te causa esa tristeza o esa decepción….y poco a poco comprendes que, al igual que con la metáfora del enamoramiento adulto de hace unas líneas, no es la otra persona (no son las circunstancias o lo que ocurre fuera) lo que te hace o no feliz (plena o llámalo como quieras). La vida, tu presente no significa nada en si mismo, no es bueno ni malo en si mismo, tiene la cualidad o la fuerza que tu quieras darle o significarle. Encontrar la ecuanimidad, encontrar esa actitud que te permite no reaccionar en automático, no ser rehén de las circunstancias y sus interpretaciones o juicios (algo es bueno o algo es malo).

Enamorarse de tu presente supone ser humilde y comprender que no lo sabemos todo, que no tenemos la fórmula secreta de cómo deberían ser las cosas.

El mindfulness, la meditación, la capacidad de estar observando, con conciencia, el presente tal y como acontezca, sin juicios, nos ayuda a cultivar actitudes que nos ayudarán a enamorarnos de nuestro presente. ¿Pruebas?

 

Share
This