Suena a título de una canción pop de los noventa y si, lo confieso, esa fue la inspiración. Más allá de lo grandilocuente que puede resultar la pregunta, hoy me apetece traer a este espacio una reflexión divina.

Por encima de los componentes mágicos o teológicos, las religiones poseen fuertes componentes humanos. Hablan de nuestras miserias y de nuestras grandezas, de rasgos que poseemos todas las personas, tanto los que reflejan a sus aliados como aquellos que caracterizan a sus enemigos. Cielos e infiernos están plagados de características humanas.

Por lo general, encontrar ejemplos cercanos o incluso propios de miserias y pecados  nos resulta más sencillo que hacerlo de nuestras grandezas, de nuestra divinidad y esto es justamente lo que hoy, desde este espacio, te quiero proponer.

¿Qué te hace ser divina, divino? ¿Cuál dirías que es tu rasgo de divinidad? Si, eso que te hace especial, que te hace tener un brillo que ilumina a quién decide acercarse cuando necesita un poco de tu grandeza, de tu unicidad, de tu divinidad. Te invito a dedicar unos instantes a revisar esas características que te gustan, que te hacen grande, que te dotan de poder y de fuerza y que elijas la que, a tu parecer, ahora mismo, hoy, aquí y ahora, te haga un ser divino. Recréate en esta característica tan tuya. Mira todo lo que puedes hacer para ti y para otras personas desde este rasgo. Mira lo que quizás ya has hecho hoy o a lo largo de esta semana…¿Te inspira?

Y qué pasaría si ahora mirases a una compañera, a un compañero, a una persona que tengas cerca, incluso si no la conoces en profundidad,  o aunque no te resulte del todo simpática ¿te animas a encontrar el rasgo que la convierte en una persona divina? ¿Cuál dirías que es esa característica? Observa como sus acciones hablan sin palabras, a través de lo que hace y de lo que decide no hacer ¿Algo cambia en tu opinión sobre ella, sobre él?

Se me antoja pensar que todas las personas tenemos algo divino en nuestro interior y que, aunque no siempre se exprese de manera clara y visible, embellece nuestras acciones llenándolas de poder, de energía y hasta de magia. Se me antoja creer que si ponemos el foco en esa magia que cada persona ejerce en su día a día, mucho puede cambiar. Nuestra manera de relacionarnos, comunicarnos, de interactuar con otras personas puede transformarse y generar una energía mucho más amable y proactiva cuando conectamos con lo mágico de nuestra divinidad ¿no te parece?

Hoy me he levantado con esta visión desde la que me apetece retarte. Hagamos que el significado de divinidad sea algo cotidiano y terrenal, algo que vemos en nuestra familia y en nuestros vecinos, en el trabajo y en la escuela…¿te apuntas?

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