En este espacio nos damos permiso, muchas veces, de hablar (escribir) desde la propia experiencia. Así que hoy te lo cuento desde ese espacio.

Mes de noviembre ya muy avanzado, el año se está terminando. El curso ha empezado hace poco pero el año termina. En el hemisferio norte vivimos esta extraña dualidad de dos inicios y dos finales cada año. Este periodo de finalización de año en particular nos suele traer sobrecarga de trabajo y pasamos más horas delante de la pantalla, dejando que nuestras caderas, espalda y piernas se mal acomoden en una silla muchas horas.

El cuerpo se sobrecarga, se cansa, se bloquea y seguimos, más y más horas.

La vista se satura, nos pican los ojos, se enrojecen e incluso nos lloran y seguimos más y más horas delante de la pantalla.

La mente se adormece, nos pide escapar, las ensoñaciones son frecuentes y aunque sea otoño seguramente somos muchas personas soñando y sintiendo el sol calentar nuestra piel, escuchamos las olas del mar arrullarnos y hasta sentimos la arena de la playa caliente que nos reconforta el cuerpo. Aún así, seguimos más y más horas sin parar, sin descansar.

De pronto, te das cuenta que has estado media jornada o incluso una entera perdida en otras galaxias y te enfadas “no has aprovechado el tiempo”. El bucle del automático en periodos de sobrecarga hace su aparición y puedes seguirlo…o no.

Si es tu caso, si estás viviendo un momento de sobrecarga en el trabajo ahora más que nunca:

  1. Levántate de tu silla con frecuencia y estira. Estira la espalda, los brazos incluso las piernas. Puedes hacer alguna rotación de espalda, además de descargar cuello y trapecios. Si tienes algún escalón o escalera cerca, puedes también estirar la pierna entera y los glúteos, ayudándote del escalón. Hazlo varias veces, para descansar y descargar la tensión acumulada en tu cuerpo por la mala y repetitiva postura mantenida muchas horas.
  2. Sal al exterior siempre que sea posible y mira al horizonte o al cielo. Deja que tus ojos descansen mirando a la lejanía y con luz natural. Descansa la vista también cerrando de vez en cuando los ojos, masajeando los párpados y dejando que se aparten de las pantallas (no, descansar no es mirar el whatsapp, messenger o facebook en el móvil).
  3. Date paseos, duerme bien, descansa. ¿Qué te gusta y te recarga las pilas? ¿Qué te da energía vital? ¡Pues no dejes de hacerlo! Sea pasear, andar, hacer deporte, tomar un café y charlar con alguien (charla positiva y no queja, queja, queja, de lo dura que es la vida, el trabajo o x), lo que a ti te ayude a mantener el espíritu positivo, la mente calmada, las emociones en un estado de regulación, estará bien.

     

En muchas ocasiones, en estos periodos de actividad frenética nos “castigamos” dejando de descansar, de hacer lo que nos aporta energía y nos dejamos arrastrar por un ritmo frenético que, para una máquina quizás este bien, pero no para mi. Nos olvidamos de cuidarnos, de atendernos, de escucharnos y nos enfermamos, contracturamos y desesperamos aunque no valga de nada. Si ahora es cuando más tienes que rendir y cuando tienes que trabajar más horas, no dejes de hacer aquello que, como decía Stephen Covey afila tu sierra, no dejes de cuidarte y de atenderte. Todo lo contrario, cuantas más horas inviertas trabajando para cerrar el año, más tendrás que atender tu bienestar.

Eres tu herramienta de trabajo y tu herramienta de vida, así que cuídate, nútrete y descansa. El mes terminará, el año también y tú seguirás adelante, con nuevos proyectos y sueños. Por eso ¡cuídate hoy! Hoy más que nunca.

 

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